El colapso del sistema de salud y educación pública ante el aumento del 21% de TEA en niños de Buenos Aires:

El sistema de salud y educación de la Ciudad de Buenos Aires enfrenta un desafío crítico: el aumento del 21% en los diagnósticos de Trastorno del Espectro Autista (TEA) en niños de 2 a 6 años desde 2015. Esta problemática ha sobrepasado la capacidad de respuesta de las instituciones públicas, evidenciando profundas deficiencias en infraestructura, personal y formación.

El aumento de casos no se limita a mejores métodos de detección; representa una crisis estructural que afecta tanto a las familias como a los profesionales involucrados. La falta de recursos en el sistema público provoca que los diagnósticos y tratamientos lleguen tarde, limitando las posibilidades de desarrollo de los niños y generando desigualdades marcadas entre quienes acceden a sistemas privados y quienes dependen del sector público.

El sistema de salud desbordado: Una desigualdad estructural

El sistema de salud pública no está preparado para responder al incremento de diagnósticos de TEA. Según la Dra. Gabriela Ausilio, pediatra especialista en neurodesarrollo del Hospital Argerich, "Cuanto más tarde sea la intervención, más complicado es el pronóstico. Hay un abismo entre los recursos terapéuticos que puede conseguir un niño con prepaga o una obra social y los que se manejan en el sistema público". Esta afirmación refleja una desigualdad alarmante: los niños con acceso al sistema privado reciben diagnósticos rápidos y tratamientos integrales, mientras que quienes dependen de hospitales públicos enfrentan listas de espera que superan los seis meses.

El hospital Argerich, uno de los centros más grandes de la ciudad, enfrenta una falta crónica de psiquiatras infantiles y herramientas diagnósticas esenciales, como tests estandarizados. Esta situación no solo dificulta la detección temprana, sino que también retrasa el inicio de las intervenciones, un aspecto clave para mejorar el desarrollo de los niños con TEA.

Factores ambientales y sociales: ¿Causa o consecuencia?

Aunque los factores genéticos son determinantes en el TEA, la investigación revela que los cambios en el entorno social y los hábitos de vida infantil también juegan un rol importante. El Dr. Sergio Tedde, pediatra con más de tres décadas de experiencia en el Argerich, observa: "Vemos chicos de menos de un año que, para que no lloren, les dan un celular. Seguramente esto no les favorece". La sobreexposición a pantallas, las dificultades para establecer rutinas de sueño y la selectividad alimentaria son problemas recurrentes que no causan el TEA, pero que agravan sus síntomas y complican la dinámica familiar.

El Taller para Padres 2024 destacó que muchos niños presentan alteraciones en el sueño y una dieta extremadamente limitada, factores que afectan su desarrollo neurológico. Sin embargo, la pregunta sigue siendo: ¿Pueden abordarse estos factores desde una perspectiva de salud pública, o estamos ante un problema que excede las capacidades actuales del sistema?

La educación en crisis: Aulas sobrecargadas y falta de formación.

El sistema educativo tampoco escapa a esta crisis. En las escuelas públicas de la ciudad, los docentes enfrentan aulas cada vez más saturadas y una creciente cantidad de estudiantes con necesidades específicas, como los niños con TEA. Sin embargo, muchos maestros no cuentan con la formación adecuada para abordar estas situaciones. Según la Dra. Gabriela Ausilio, "Las maestras están desbordadas porque, en cada grado, hay varios niños con maestra integradora, y muchas veces no se sienten preparadas para manejar situaciones de neurodivergencia".

A pesar de los esfuerzos legislativos para promover la inclusión educativa, como la Ley N.º 26.061, la falta de recursos y capacitación limita el impacto de estas políticas. Los niños con TEA que no reciben el apoyo adecuado en las aulas enfrentan mayores dificultades para integrarse social y académicamente, perpetuando un ciclo de exclusión.

El camino hacia una solución: Acción política y coordinación.

La investigación deja en claro que el aumento del 21% en los casos de TEA no es un problema aislado, sino un reflejo de fallas sistemáticas en las políticas de salud y educación. A pesar de la existencia de leyes como la Ley Nacional N.º 27.043, que garantiza la detección y tratamiento integral del TEA, su implementación es limitada debido a la falta de recursos y coordinación entre sectores.

Para enfrentar esta problemática, es necesario avanzar hacia un enfoque interdisciplinario que garantice: La formación continua de los profesionales de salud y educación, la creación de centros de diagnóstico y tratamiento integral en el sistema público y la promoción de campañas de concientización sobre el impacto de los factores ambientales en el desarrollo infantil.

¿Estamos haciendo lo suficiente?

La Ciudad de Buenos Aires enfrenta un desafío urgente que afecta de manera desproporcionada a las familias más vulnerables. La falta de recursos, la burocracia y la desigualdad estructural limitan la capacidad del sistema público para responder al aumento del TEA. A pesar de los avances legislativos, las políticas actuales no alcanzan para garantizar una atención equitativa y oportuna.

La pregunta persiste: ¿Es posible revertir esta situación con los esfuerzos actuales, o seguiremos siendo testigos de un sistema desbordado que perpetúa las desigualdades? La respuesta dependerá de una acción política firme y coordinada que priorice el bienestar de los niños con TEA y de sus familias.


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